Socios con Dios

Mar 7, 2021
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Dios es el dueño de todo

pero le ha dado al hombre la capacidad de decidir por sí mismo  si quiere o no ser Su mayordomo. El dinero y las posesiones se adquieren honorablemente por medio del trabajo. El trabajo es un medio honesto de obtener dinero para nuestra vida y la de otros.

 El dinero nos cuesta mucho esfuerzo ganarlo

por lo que debemos ser sabios y moderados en cómo usarlo. Hay quienes temen trabajar o no les gusta el trabajo. Quieren obtener las cosas con facilidad y se convierten en parásitos de la sociedad y una carga para sus familias. Tal fue el caso del hijo pródigo, en la parábola de Jesús. El exigió su herencia y al recibirla, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente (Lc. 15.13). Aun en su estado de inocencia, de Adán se dice que: Y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase (Gn. 2. 15).

Vemos pues, que el trabajo era un aspecto en el plan de Dios para el hombre, Capítulo 1 15 aun antes que el mundo se viese manchado por el pecado. Hay muchas empresas comerciales en las que la cooperación en sociedad es la clave del progreso y del buen éxito en los negocios. Un ejemplo de esto es la cadena de almacenes conocida como Sears o Walmart, que han establecido negocios en muchos países del mundo. Podemos decir que nadie que haya realizado alguna cosa de valor la ha alcanzado sin la ayuda de otras personas.

En el trabajo cumplimos con el plan de Dio s para resolver nuestras necesidades. En vez de una maldición que quisiéramos evadir, el trabajo es una oportunidad que deberíamos disfrutar.

Ser Socios con Dios

Ser socios con Dios en el trabajo diario nos proporciona grandes bendiciones. En la Biblia se presenta el derecho de propiedad privada (Lv . 25, Hch . 4.3 4, 5.1-11). Con fiamos en la fortaleza de Dio s y aceptamos la responsabilidad para evitar la pobreza. Reconoce el derecho de propiedad Nuestro trabajo se transforma cuando sabemos que lo hacemos para Dio s y no para un patrón humano (Co l. 3.2 3-24) . Saber que Dios es dueño de todo y que nuestro trabajo es una manera de servirlo, transformará nuestros hábitos de trabajo.

El empleado cristiano será el mejor trabajador. El no debe pensar en malgastar el tiempo, adjudicarse una ventaja indebida con los beneficios adicionales de la compañía o rendir menos.

Nosotros no trabajamos para un empleador injusto o que demande en extremo. Dios es el dueño, en fin de cuentas porque a Cristo el Señor servís. En consecuencia, el trabajo viene a ser una oportunidad para ministrar y honrar a Dios.

Nuestra responsabilidad es con Dios

y como resultado de ello, también para con unos y otros dentro de la familia de El. Confía en la fortaleza de Dios.

 Cuando dependemos de Dios, damos por sentado que la fortaleza de El nos capacita para tener éxito (Dt. 8.18; Stg. 1.17). La filosofía del individualismo, o sea, la idea que el individuo es suficiente por sí mismo, es un error. En verdad, esto no es posible. Como socios con Dios, dependemos totalmente de la habilidad que El nos da para producir toda clase de riquezas. Hay individuos que están dotados para sobresalir en las artes, en la política o en el mundo de las finanzas. Hay otros que están capacitados para trabajar en las fábricas y en las industrias del mundo moderno. No importa la ocupación en que nos desempeñemos, la habilidad de obtener ingresos económicos la recibimos de Dios. Los cristianos, a menudo, pasamos por alto una importante pro visión para recibir fuerzas. Dios nos ha dado la bendición del reposo semana l, a fin de que nos liberemos de la esclavitud del tiempo el cual nos desgasta las fuerzas ( Ex. 16.22-30).

 
 
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Por lauramm

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