La vida tiene momentos inesperados, algunos calculados por nosotros, otros en donde no tuvimos mayores opciones, sin embargo, a todos nos sucede que nos quedamos sin deseos de continuar.
Llegan momentos en los que nos sentimos desalentados, cansados, sentimos que hemos dado todo por algo o por alguien y no ha valido la pena y te sientes desmayar.
Hay personas que dicen: mi motor para despertar cada mañana es mi trabajo, mi deporte, mi esposo o el más común mis hijos.
Sin embargo, eso puede ser cierto hasta determinado punto, nuestra motivación para continuar no puede salir de algo externo, debe ser producto del interior de nosotros. Colocar nuestro motivo para continuar en un segundo o tercero es exponernos a que en algún momento nos quedemos sin motor.
Por eso es necesario que nos convirtamos en nuestro propio motivo para continuar; que de nuestro interior brote un rio de agua viva, que no se seca, que no se acaba, y ese no es otro sino Dios. El nos diseñó y sembró en nosotros la semilla de la esperanza, nos dio la capacidad de soñar, de crear, de rediseñarnos.
Debemos trabajar nuestra manera de SER no nuestra manera de HACER, desde quien eres hoy, y lo que deseas ser mañana.
Lo que vemos se desvanece, es vanidad como dice Eclesiastés 1, no podemos centrar nuestro equilibrio en lo efímero, y en otros menos, porque los hijos se van, los conyugues fallan, por ello en esta oportunidad debo llevarte a entender que TU ERES TU MEJOR MOTOR, pues fuiste diseñado por un Dios realmente inteligente que nos dotó de todo tipo de herramientas, capacidades, formas de crecimiento, busca dentro de ti lo que necesitas para continuar, amar a otros es bueno y necesario, pero amarte a ti mismo es lo más importante la palabra dice ama a tu prójimo como a ti mismo. Somos después de Dios lo que más debemos amar .