La Mayordomía y La Creación.

Cuando se habla del tema, Mayordomía, nosotros pensamos en palabras como responsabilidad, deber y aun obligación. Hacemos preguntas como las precedentes.

 Pensamos, primeramente, en nosotros mismos y en nuestra obligación: en lo que nosotros tenemos que hacer. Creemos que la mayordomía es algo que hacemos con lo nuestro para Dios, con cuando dedicamos algo de nuestro tiempo, algo de nuestro dinero, algo de nuestro esfuerzo a Dios. Algunos piensan que deben hacerlo porque lo prescribe la ley. «Hay que cumplir con la ley.»

Segundo, a veces pensamos que Dios necesita algo de lo nuestro para hacer Su obra. Como si El no recibiera lo que nosotros le tenemos que dar, no pudiera trabajar. Pero cuando nosotros pensamos así, estamos profundamente equivocados. La mayordomía no comienza con nosotros, comienza con DIOS. No comienza con deberes, ni obligaciones, ni responsabilidades. La mayordomía comienza con la GRACIA. Y antes de preguntar, ¿Qué tengo que hacer por Dios? tenemos que preguntar ¿Qué hizo Dios por mi? y ¿De dónde proviene todo lo que tengo? La meta principal de este estudio es hacernos ver y entender la relación entre Dios, el mundo y el hombre. Una vez que entendamos esta relación, podremos hablar con entendimiento de la mayordomía.

 En las lecciones que siguen, nosotros vamos a ir desarrollando una definición bíblica de la mayordomía. Por ahora nosotros vamos a decir solamente que la mayordomía significa administración. Al final del estudio vamos a ampliar esta definición hasta que lleguemos a una definición bíblica, amplia y adecuada. Para lograr este objetivo se han seleccionado dos pasajes bíblicos para cada lección. Uno del Antiguo Testamento, y el otro del Nuevo Testamento. Otra meta que tenemos es la de enseñar la unidad de la enseñanza bíblica en cuanto a este tema. Muchos dicen que la enseñanza del Antiguo Testamento es totalmente diferente a la del Nuevo. Nosotros no lo entendemos así. Aunque haya diferencias, veremos que la base es la misma. Dios no ha cambiado.

¿Cómo se hace uno dueño de algo?

Nosotros todos entendemos que hay solamente dos maneras legítimas de hacerse dueño de algo: hacerlo o comprarlo. Si usted hace algo de materiales que ya son suyos no hay nadie que le pueda quitar lo que usted ha hecho. Es suyo porque usted lo hizo. Sea una casa o sea una pequeña silla, lo que usted hace con lo suyo pertenece a usted. Si usted no lo puede hacer, es posible que lo pueda comprar. Las cosas que nosotros compramos también nos pertenecen. Por ejemplo, yo no sé cómo hacer un libro, pero he comprado muchos y ahora son míos. La gente que los hizo me los vendió por una cantidad de dinero. Ahora ellos son los dueños de este dinero y yo de los libros que me vendieron. Dios, según Génesis 1:1, creó todo lo que existe. Y por haberlo hecho todo, El es el Dueño de todo. De hecho, Dios es el único que tiene el verdadero derecho de dueño por haber creado algo. Nosotros siempre tenemos que usar algo que existe para hacer lo que queremos. Dios creó lo que quería de la nada, y por todo Dios es Dueño puro y absoluto.

 No hay ningún otro que pueda reclamar lo que es de Dios.

¿Quién será el dueño actual del mundo?

Según Génesis, no hubo ninguna transferencia del título del mundo. Dios sí entregó todo lo que había creado al hombre, pero no se lo entregó como posesión. El hombre habría de ser el mayordomo o administrador de lo que pertenecía a Dios. Podía disfrutar de algunos privilegios como mayordomo, pero el hombre de ninguna manera se convirtió en el dueño de todo. Vemos lo mismo en la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30). Esto es muy explícito en versículo 27, donde el dueño le dice al siervo, «Debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.» El dinero del dueño no fue regalado, fue invertido.

¿Cómo llega el hombre a tener (o administrar) lo que tiene?

 El primer paso es dado por Dios. Dios le entrega, Dios le concede, Dios le presta al hombre todo lo que hay en este mundo. Lo que tenemos, sea mucho o sea poco, lo tenemos por pura gracia y lo tenemos prestado. Pero el hombre también tiene algo que hacer.

 El segundo paso es el de recibir la gracia del Dueño y dedicarse a la buena administración de lo recibido.

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Por lauramm

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